jueves, 28 de agosto de 2014

La decadencia de la fiesta: sus razones y sus remedios

"...Junto con otros tres hombres, un tímido banquero de Sevilla, un cínico octogenario de Barcelona y un chalán retirado de San Sebastián, controlaba el mundo de los toros. Estos cuatro príncipes de la fiesta española reinaban sobre todas las plazas importantes de España. Toreros, apoderados, ganaderos, críticos y aficionados, todos dependían de sus caprichos individuales o colectivos.

Sin embargo, el espectáculo que dirigían había estado en decadencia durante los últimos diez años. Se murmuraba que en España se había perdido la afición. El tedio había empezado a adueñarse del espectáculo taurino. Una juventud indiferente corría detrás de otras diversiones (...).

Entonces ocurrieron dos cosas. La televisión llegó a España. Y, aproximadamente al mismo tiempo, un nuevo mesías de la muleta (...) llegó de Andalucía. Con sus cabellos desgreñados, su angelical sonrisa y su terrorífico valor (...) sacudió los cimientos de la fiesta brava. Provocó controversias y vehementes vítores, admiración ruidosa y apasionado desprecio. Su rudo e ineducado estilo, valor casi desdeñoso, eran capaces de provocar cualquier emoción menos indiferencia y, difundidos en toda España por la televisión, produjeron un histerismo de masas como jamás se había formado alrededor de un torero. Barrió las telarañas de las plazas de toros, y (...) originó una demanda sin precedentes en las taquillas de todas las plazas de España, una frenética lucha por las localidades, de la cual era sólo una muestra la empeñada por la multitud frente al despacho de Las Ventas".

Salvo por la referencia a la televisión y a Barcelona, los dos primeros párrafos de ese texto podrían retratar perfectamente lo que sienten los aficionados actualmente respecto al estado de la Fiesta, su decadencia y las razones que la provocan. Incluso la referencia a los que gobiernan la Fiesta siguen llevando los mismos apellidos, aunque los octogenarios sean ahora de una o dos generaciones posteriores. Sin embargo, se trata de un texto de 1967 (¡de hace casi cincuenta años!) y de unos extranjeros, Dominique Lapierre y Larry Collins, que en "...O llevarás luto por mí" retrataron bien la España de posguerra y lo que supuso para la Fiesta la llegada de Manuel Benítez "El Cordobés".

El último párrafo de la cita da la clave de lo único que puede cambiar un rumbo descendente, que no es nuevo ni se llevará la Fiesta por delante (aunque ahora las amenazas son más sofisticadas y la defensa debería serlo también): la irrupción de un torero que, con su forma de enfrentarse a los toros, conecte con la sociedad actual.

En los últimos años, sólo ha habido uno que ha conseguido hacerlo con rotundidad, aunque, por vaya usted a saber qué razones, ha espaciado tanto sus comparecencias, que no ha producido el efecto catártico que a muchos nos gustaría.

El trono, pues, lleva muchos años vacío. Para quien quiera cogerlo y tenga los arrestos, la inteligencia y el carisma para hacerlo.

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Donde dice TV di Internet y lo has clavado.