martes, 9 de marzo de 2010

Olivenza (7 de marzo de 2010) - Primeras impresiones (y II)

El domingo hubo jornada de mañana y tarde. Y el tiempo respetó bastante. Sólo llovió en el primero de la mañana y en el primero y el sexto de la tarde.

Por la mañana, los toros de Zalduendo se dejaron, aunque faltaba chispa, un puntito más de casta y de fuerza.

Aún así (o, tal vez, quizá por eso) vimos mucho toreo y del bueno.

Vimos, por ejemplo, a un Ponce superlativo en el cuarto. Una faena de libro, de las que resumen su torero. Toreo elegante, sereno, técnico y de una importante belleza. Algunos aficionados de Madrid comentaban luego que Ponce tiene el "pico" incorporado ya en su repertorio. No lo veo así. Sin el toreo de Ponce, sin su técnica, no entenderíamos el toreo actual. Y aunque a algunos les pueda gustar más o menos su estética, creo que su dimensión de época es indudable. A mí me gustó. Y mucho. Disfruté mucho con su forma de estar delante del toro, de medir y estructurar la faena, de ligar los pases,... Y disfruté con las "poncinas", ese circular rodilla en tierra con cambio de mano incorporado. Tener la afición de Enrique tras veinte años de alternativa no es que esté bien, es que es un milagro.

Talavante dio también una dimensión enorme con ambos toros. Pero lo de la faena al quinto (salvo los cinco últimos minutos) fue de una profundidad suprema. Lo vi mejor, mucho mejor aún, que en Vistalegre. Un toreo grande, hondo, largo,... Un modo de estar delante del toro, de plantear la faena, que une lo mejor de JT, de Juli, de Manzanares,... Y de Talavante. El toreo con la izquierda fue sensacional, y los pases de sucedían largos (muy largos) y ligados, sin necesidad de toques tan bruscos como los que había apuntado una semana antes. Lo que es inadmisible es lo de la espada. No se puede matar tan mal. Algo tendrá que hacer. La afición en Olivenza es más que benevolente y le hizo incluso saludar después de escuchar los tres avisos. Pero no es de recibo que eso suceda.

Y Cayetano me gustó. Me desquité de lo de Vistalegre. Toreó muy serio, muy clásico, en su sitio. Tuvo un buen lote y le hizo cosas muy interesantes a los dos. Tanto con el capote (el parsimonioso y hondo quite por tafalleras reconozco que me deslumbró) como con la muleta. Tanto en el toreo fundamental como en los adornos. Aún así, tengo la sensación de que le falta dar un paso más. No sé si de afición o de riesgo. Pero con esa clase, un paso más es romper de verdad. Veremos en Sevilla y en Madrid...

Por la tarde las cosas no fueron tan bien. Sobre todo porque el experimento de que hubiera toros de distintas ganaderías no funcionó.

El Juli, con el primero de Daniel Ruiz, cortó una oreja después de una faena técnica, de maestro, cada vez más honda y templada, haciendo al toro. Y una estocada perfecta. (El toro tuvo nobleza, pero como los del Domingo de Resurrección en Sevilla no tengan más fuelle puede organizarse la mundial en La Maestranza). El cuarto fue un toro malo, muy malo, de Victoriano del Río y no hubo nada que hacer, a pesar de lo cual demostró nuevamente su sitio y cómo incluso a estos toros hay que hacerles todo bien, perfecto.

Manzanares demostró varias cosas. Lo primero, nuevamente, que tiene probablemente la mejor cuadrilla de esta temporada. Lo segundo, que si toreo tiene un empaque único, y que su sentido estético es grandioso. Pero, a la vez, constató que a veces se pasa de faena. Y mucho. En el segundo, por ejemplo, dio tres tandas sensacionales, poniendo al público en pie. A partir de ahí el toro se paró y no dejó de hacer cosas feas, a pesar de lo cual se empeñó en seguirle "toreando", aburriendo al personal. La estocada, muy buena, pero la faena quedó sin premio. El quinto fue un toro bastante soso, al que le hizo una faena muy técnica e interesante, pero el personal llevaba ya once toros a sus espaldas ese día y, viendo que no podía haber nada grandioso, no le echó cuentas.

Perera dio la dimensión encimista de su toreo en el tercero (que, además, era bastante soso). Y en el sexto, un Victorino que embistió de forma razonable, buscando a veces los tobillos, pero poco más, estuvo bien, pero un punto desconfiado. El recibo con el capote fue magistral y la faena con la muleta hubiera tenido más eco si no hubiera sido al final de una jornada con dos corridas de toros.

Una feria en fin, amable, pero de mucho interés para saber cómo está cada uno. Y lo que este año ha demostrado es que nadie quiere dejarse ganar la pelea. Tal vez porque tienen claro que el año va a ser muy complicado. En el propio Olivenza, sin ir más lejos, en los dos festejos del domingo no se acabó el papel en la taquilla, y hubo quien se quedó con localidades sin vender. Si con esos carteles y la expectación generada una plaza tan menuda no se llena, a ver qué pasa cuando haya cuatro o cinco ferias a la vez y haya que repartir los toreros, los aficionados y el dinero...

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Nada, en Sevilla no pasará nada, como en los últimos 50 años.

Buena reseña.