lunes, 15 de agosto de 2016

El Pliego de Las Ventas - Conclusiones

En las entradas anteriores me he ocupado de cómo creía que debía ser el Pliego (antes de publicarse) y de las principales previsiones de éste (una vez publicado).

Toca ahora concluir hasta que se produzca la adjudicación. Y plantear qué escenario es el que el Pliego creo que nos va a deparar tanto en las posibles proposiciones que presentarán los licitadores como en la gestión de la plaza la temporada próxima y las futuras. Sé que es un ejercicio casi de adivinación, pero me temo que los condicionantes del Pliego sí permiten aventurar algunas cuestiones.

Lo primero es que, a diferencia de la última licitación, es posible que haya diversos licitadores. Los requisitos para presentarse se han flexibilizado de tal modo que, mediante UTEs, son muchos los empresarios que pueden concurrir a gestionar la primera plaza del mundo. Teniendo en cuenta las peculiares idiosincracia de los empresarios taurinos no serían descartables sorpresas como la de que nadie se presente o solo lo haga uno o dos, pero creo que esta vez es complicado.

Como digo, la fórmula de las UTEs es más que probable, lo que puede dar lugar a fórmulas de integración de extraños compañeros de cama, interviniendo realmente todos ellos en la gestión de la plaza (y no percibiendo solo unos determinados emolumentos a cambio de no concurrir, como sucedió la última vez). Aunque también puede ser que algunos aporten su experiencia y facturación sólo a cambio de dinero, sin intervenir luego en la gestión... Si efectivamente es un grupo de empresarios el que se queda con la gestión de la plaza, de las relaciones entre ellos dependerá que cada uno aporte lo mejor, o que sus desavenencias las acabe pagando la gestión de la plaza.

De entre los que presenten es evidente que ganará el que más dinero ponga encima de la mesa: sobre todo para el canon, pero también para otros festejos, obras, publicidad y cuestiones por el estilo. La calidad de la programación, la capacidad de atracción de nuevos espectadores, el cuidado de los abonados (salvo, en su caso, en ligeras variaciones del precio de las entradas) no se tendrá para nada en cuenta. Y no teniéndose en cuenta, no hay razón para que los empresarios se esfuercen en ello.

La posibilidad de interferir en la adjudicación creo que va a ser reducida. El amplio porcentaje atribuido a los criterios objetivos y los mecanismos previstos por la Ley de Contratos para efectuar la valoración de forma sucesiva hace difícil pensar que el concurso tenga un ganador prefijado. Salvo que todos se vayan de la lengua (y que lo que digan sea verdad) la Mesa de Contratación no sabrá en qué medida la valoración que hagan de los criterios "que comportan la emisión de un juicio de valor" será o no definitiva.

Una vez adjudicada la Plaza, es previsible que no cambie casi nada. Quiero decir, que ni la temporada se modificará sustancialmente, ni cambiarán notablemente los carteles, ni a los abonados se nos escuchará más (a salvo del futuro Portal gestionado por el Centro de Asuntos Taurinos que anuncia el Pliego), ni la Plaza será más cómoda (sin viento, ni agua y con respaldos),...

El Pliego no permite fórmulas imaginativas para estructurar la temporada de forma distinta de la actual, de modo que no solo es que la plaza seguirá siendo de temporada (algo que es loable), sino que los festejos seguirán siendo los domingos (como mucho los sábados), que San Isidro será infinitamente largo e irregular y que se hará muy difícil atraer a público distinto de los turistas y los "jartibles" habituales en los festejos de fuera de Feria. Nada de acortar San Isidro haciéndolo una feria de 10 ó 12 festejos absolutamente redondos, ni de sacar los rejones del abono, ni de crear otras ferias temáticas de jueves a domingo,... Lo mismo de siempre, con un poco más de lo de siempre. Sólo la posibilidad que apunta el Pliego de hacer algún festejo extraordinario con precios más elevados da pie a que haya algún festejo rematado y realmente rompedor alguna temporada (pero los mimbres de toros y toreros son los que son).

La incorporación de la Escuela, si se gestiona con inteligencia, sí puede suponer una novedad sustancial. Sobre todo si se organizan y potencian actividades abiertas a aficionados prácticos y aficionados en general, como plantea el Pliego. El que haya un número relevante de aficionados que se reúnan con cierta frecuencia en actividades en torno a la Escuela puede dar un deseable dinamismo a la Plaza fuera de los días de festejo.

Habrá menos novilladas, sin que ello vaya a significar que sean mejores, que los novillos sean novillos (y no toracos), ni que los novilleros vengan mejor preparados.

Nada hace presagiar, como sería deseable, que el futuro adjudicatario cambie las fórmulas habituales de comunicación con la sociedad. No habrá apenas dinero para ello, y no existe un gran incentivo para que se efectúe una labor mediante la cual los toros estén en los informativos generales de las televisiones, como sería de justicia.

Las desencajonadas y festejos populares darán un toque pintoresco y ajeno a la tradición de la plaza de Las Ventas que no sé si le hará algún mal al resto de la gestión. Bien, desde luego, no hará ninguno.

En resumen, lo probable es que haya distintas ofertas, que gane la que más dinero esté dispuesta a dar (sobre todo a la Comunidad de Madrid) y que luego todo siga como casi siempre, pero un poco peor, porque no habrá nada que permita contrarrestar los empujes en contra de la Fiesta desde la primera plaza del mundo. Y es que no hay previsión de dar paso alguno hacia la modernidad, comodidad y excelencia. Teniendo en cuenta los ideólogos del asunto y sus palmeros, cualquier otra conclusión hubiera sido milagrosa.

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