lunes, 28 de diciembre de 2009

La tauromaquia a través de sus conflictos

La admisión a trámite parlamentario de la iniciativa para prohibir las corridas de toros en Cataluña constituye un fracaso que pone en evidencia tanto las debilidades de nuestro pluriforme sistema democrático, empecinado en legislar sobre el vacío y al margen de competencias irrenunciables, como las debilidades del taurinismo profesional, ese circuito cerrado de oscuros mecanismos y prácticas ignotas por donde trashuman la mediocridad y la vulgaridad.

El toreo es consecuencia de la belleza, de la inteligencia y de la verdad, ningún argumento más incontestable a favor de la fiesta de los toros que una faena de José Tomás en la Monumental de Barcelona o una verónica y media de Morante de la Puebla en la Maestranza.

Aún así, y toda vez que se han desterrado los toros de la vida pública por su nula o tergiversada presencia en la televisión, se hace cada vez más necesaria una exaltación de la tauromaquia cuya estrategia no puede ser otra que la del arte y la ciencia, y cuya única táctica posible es la de la excelencia.

Afortunadamente algunos, muy pocos, han llegado a este hora con los deberes hechos. Es el caso de Lorenzo Clemente Naranjo (Cáceres, 1970) autor del libro “La Tauromaquia a través de sus conflictos (Jurisprudencia Taurina)”, a mi juicio uno de los libros más trascendentes para la tauromaquia que se han escrito en los últimos años.

Lorenzo Clemente es socio abogado de Garrigues, abonado de la Plaza de las Ventas, abonado de honor de la Maestranza, crítico taurino, aficionado conspicuo e incansable (desde lo alto de las gradas de la pasada temporada más de sesenta tardes lo contemplan), además de un gran escritor y un buen amigo.

Yo he aprendido a ver los toros con Lorenzo, en los años de estudiante durante muchas tardes en Madrid y luego en las plazas de Sevilla, El Puerto y, claro está, Barcelona, donde asistimos a la reencarnación del monstruo de Galapagar.

Siempre he admirado en Lorenzo Clemente, así en los toros como en la vida, el don innato para analizar los problemas, reducirlos a los puntos esenciales y ofrecer soluciones ponderadas y razonables. Y, todavía más, la capacidad de hacerlo por escrito dejando que el argumento fluya como un río transparente lo cual es una cosa dificilísima.

Confieso que cuando me apremia la necesidad de tener una opinión sobre algo -porque hoy en día, según se sabe, hay que tener opinión de todo-, llamo a Lorenzo Clemente y al rato se despeja mi incertidumbre. Es bueno tener consejeros así que lo alivien a uno de la agotadora tarea de pensar.

De la intersección de la afición de Lorenzo por los toros, de su prestigioso talento como abogado y su natural capacidad para el análisis tenía que nacer esta obra, “La tauromaquia a través de su conflictos”, donde el autor hace un recorrido por la Jurisprudencia taurina de los últimos veinte años de una forma amena y elegante, extrayendo del farragoso y complicado mundo judicial un conjunto ilustrativo de sentencias que constituyen una vindicación en sí misma de la Fiesta y una clara exposición de motivos sobre el hecho evidente de que los toros están ahí y han sido, son y serán, objeto de Derecho. Lo cual, siendo el Derecho una cosa tan seria, es una afirmación más seria de lo que parece.

Aunque se trata de un libro para especialistas, y por eso ha sido editado por Aranzadi (Thomson Reuters), la habilidad de Lorenzo Clemente ha consistido en intercalar entre cada sentencia jugosos comentarios que no son anotaciones o escolios a pie de página sin más, sino prosa de clara calidad que permiten al no especialista e incluso al no aficionado regocijarse según se avanza en la lectura.

El libro consta de ocho capítulos, el primero de ellos se centra en la normativa y los reglamentos, el segundo analiza la concesión y explotación de las plazas, en el tercero se trata el conflictivo tema del apoderamiento, el cuarto es una surte de guía fiscal taurina, el quinto versa sobre las relaciones laborales y en el sexto se estudian algunos conflictos derivados de la competencia entre los variados gremios que intervienen en una corrida de toros.

Pero sin duda lo más interesante para el aficionado figura en los capítulos séptimo y octavo, en el primero, titulado “De lo taurino como excusa” asistimos a una suerte de conflictos delirantes o surrealistas como la compatibilidad de los menesteres de alguacilcillo con la baja por depresión, las consecuencias de la caída de un ascensor por la avalancha de los fans o la servidumbre de paso en el balcón de una plaza de pueblo.

Esta miscelánea es digna por si misma de figurar en un apéndice del Cossío, como el anecdotario taurino que consta en el tomo primero.

Hace gala Lorenzo Clemente en este capítulo de un fino humorismo que se torna más grave al analizar en el epígrafe octavo –“Tres procedimientos nada ejemplares y una apología del currismo”- el juicio por la propiedad de la cabeza del toro que segó la vida del Yiyo, el derecho de retransmisión de las imágenes de la agonía de Paquirri o la sentencia del Tribunal de Justicia de Cataluña –ahí es nada la actualidad del asunto- que dio la razón a Távora y a su Carmen, contrariando las disposiciones de la Generalidad que impidieron la lidia de un toro durante el espectáculo, entendiendo el Tribunal que la prohibición constituía “una conculcación del derecho fundamental invocado, libertad de creación artística.”

Si las competencias de este tribunal se extendieran, que deberían, a la iniciativa prohibicionista, estaríamos de suerte.

Termina el libro con una deliciosa apología del currismo en la que se revisa la sentencia que obligó a al declarar improcedente el despido de un reconocido “currista”, cuya afición le provocó un altercado con clientes y proveedores sobre la base de que el currismo es un sentimiento “indudable y notoriamente altruista a favor del diestro, arraigado y profundo como el que más, creador de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida por la que se exige el máximo respeto de quienes no –o sí- lo tienen y, cuando se falta a él, es previsible la reacción ardorosamente defensiva de quien lógica y naturalmente se siente ofendido”

Como nos sentimos ofendidos los aficionados con la admisión a trámite de la iniciativa para prohibir las corridas de toros en Cataluña de la que la única consecuencia positiva que puedo inferir es que Lorenzo Clemente nos debe regalar necesariamente una edición ampliada de esta magna obra que ya ha agotado en apenas un trimestre su primera edición y que lleva en la portada un precioso dibujo del reconocido ilustrador cacereño Pablo Pámpano.

1 comentario:

CCC dijo...

Toda una PUERTA GRANDE para uno de mis grandes amigos, de esos que dicen de toda la vida; como los toros, mal que pese a algunos ignorantes de lo que significa pensar y sentir a un mismo tiempo, durante un mero instante... Gracias por tu ORGULLO Y TEMPLE de ser y estar, de aprender y enseñar el verdadero sentido de nuestra fiesta nacional.