sábado, 22 de diciembre de 2007

EL CARTEL DE BARCELÓ


Dicen que un conserje de La Real Maestranza ha dicho: "¡ojú, este toro es como los que pintaban en las cuevas!". Juan Manuel Bonet ha destacado precisamente su fuerza primitivista y rupestre e incluso, por su energía y fondo amarillo mate, lo ha comparado con un palo de la baraja.

Barceló no es uno de mis pintores favoritos, pero este cuadro me gusta mucho, cuando esperábamos algo picassiano (a la manera del cartel de Barcelona, el de la reaparición de José Tomás) este toro de Altamira en costalada y alanceado, demuestra la inagotable capacidad de expresiones que suscita la tauromaquia y la fuerza provocadora de la misma-porque a algunos les parece un cartel antitaurino-.

A mí no, primero porque el toro rupestre remite a lo cósmico, a la lucha elemental y el toreo no es sino una estilizada transfiguración del arte de cazar; la segunda porque el toro, alanceado, es atravesado por la flecha de la muerte que, pintada de rojo y con trazas infantiles, más que a la lanza creo que remite a la flecha de Cupido, Eros frente a Thanatos.

Toro y torero en lucha hermosa.

Este toro transverberado es un violento estallido de perfecto dinamismo.

Barceló ha dicho algo nuevo y fuerte.

Bien por la Maestranza y sus carteles, están haciendo una estupenda colección y acciones como esta dignifican aún más este arte (no olvidemos lo que Barceló supone en el trasiego contemporáneo de la pintura).




2 comentarios:

queco dijo...

Permíteme, José María, discrepar, aunque sea en la forma y no el fondo.

No voy a dudar a estas alturas de la calidad pictórica de la obra, ni mucho menos la categoría del autor.

Tampoco quiero poner en solfa la bellísima alegoría de la naturaleza de la fiesta, que combina con dureza arte y muerte, de la fuerza que trasmite la bestia hasta en su último estertor, directamente relacionada y con perfecta evocación de la esencia misma de la batalla que se dilucida en la arena.

Pero ahora no José María. Creo, sin llegar a los extremos pesimistas de los que me rodean, que, que la Fiesta vive un momento crítico en esta cada vez más polarizada sociedad en la que vivimos. Creo que es el momento de trasmitir belleza, y no crudeza; es el momento de trasmitir valor, y no crueldad; es el momento de trasmitir pellizco, y no gravedad. Sin esconder la realidad y la esencia, pero sin exagerar el lado mas duro.

Por eso creo que no era el momento de este bello y expresivo cartel.

José María JURADO dijo...

Gracias, amigo Queco, por tu opinión, tan bien fundada, y que me hace cuestionar incluso mi impresión.