viernes, 17 de enero de 2014

Propietarios

El plante de las figuras en Sevilla hasta que no cambie la empresa gestora (Pagés), lo sucedido en Zaragoza en los últimos años, el Pliego de El Puerto de Santa María o el cierre de San Sebastián (decidido por la propiedad de la Plaza, no se olvide, y no por ley alguna que prohiba allí la tauromaquia) ha puesto sobre la mesa la importancia de los propietarios de los cosos en el devenir de la tauromaquia. Ha sublevado en tertulias y redes sociales a los aficionados y ha hecho que muchos "empresarios taurinos" critiquen fórmulas y modos de según qué propiedades.

Sin embargo, no sería malo ponerse a pensar por qué es el dueño de un recinto el culpable de lo que suceda con el evento cultural que puede realizarse en su interior si nada impide que otros construyan cuantos recintos deseen. Si hubiera varios que pudieran competir entre sí, la rivalidad estaría donde tiene que estar: en el ruedo. Ahora, es la propiedad (la única en cada ciudad) la que determina a quién encarga la gestión, con qué obligaciones y bajo qué condiciones económicas.

La situación del cine, del teatro, del flamenco,... no es responsabilidad de los propietarios de los inmuebles en los que el evento en cuestión se propone al público. ¿Por qué ha de serlo en el toreo? Los economistas hablarán de las barreras de entrada, del inmenso coste de una construcción de este tipo, con muy pocos visos de rentabilizarla.

Vistalegre, en Madrid, hubiera sido un ejemplo perfecto de cómo aunar en un espacio actividades económicas que generar rendimientos recurrentes (aparcamiento, Hipermercado) con distintas actividades en el propio coso (toreo, baloncesto, música, mítines políticos,...). Sin embargo, no se sabe muy bien por qué, no se ha conseguido que existiera una programación taurina continuada.

He comentado en ocasiones que me daba mucho miedo que el futuro de la tauromaquia estuviera en las decisiones de las Administraciones Públicas sobre el modo en el que deben gestionarse las plazas de toros de su propiedad. Alguien me hizo ver que el problema no eran sólo las plazas de propiedad pública y los Pliegos, sino también las decisiones de los propietarios de plazas particulares.

El asunto no es fácil de solucionar, porque aquí no hay modo de actuar con rapidez si una propiedad pone problemas e irse tres calles más allá, como sucede con otras muchas actividades económicas. Pero debería ser el sector taurino el que reflexionara sobre el asunto y tratara de buscar alternativas que hiciera que el devenir de la tauromaquia no dependiera de las decisiones y el monopolio local de los propietarios de cada plaza.

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