lunes, 15 de abril de 2013

¡Belleza que yo he visto, no te borres ya nunca!

Así exclamaba Juan Ramón Jiménez ante la fugacidad de la tarde en que quiso ser eterno, así digo yo hoy cuando mis ojos han visto el milagro, sí el milagro, no de mecer al tiempo sobre el rosa y el amarillo del atardecer, no de parar al tiempo y congelar los relojes en el eje exacto de la áurea espiral, no. El milagro de ver girar al tiempo en el sentido contrario, de sentir cómo se invierten los polos de la tierra, de ver estallar las fuerzas nucleares en una explosión armónica de luz, onda y corpúsculo. Morante ha dinamitado la flecha de Laplace, el rayo de Einstein, es el torero cuántico, capaz de transportarnos por los ignotos túneles de la física a un lugar anterior a nosotros mismos. Como un acelerador de partículas es su capote un toroide donde se desgrana, ante el toro, con el toro, la partícula de la danza, el bosón de Higgs de la belleza. Sucedió en el cuarto. Antes, en su primero, hubo fogonazos, relámpagos, apariciones, profecías, la verdad del natural más verdadero jamás visto, pero sin la continuidad de la coreografía, avisos de lo porvenir. Y vino. En el cuarto, tras una serie de ensueño y una verónica fallida, trazada en el corazón a mil por hora de la plaza, repitió, -¿cómo?- el lance: ¿giró la capa en sentido contrario, hizo latir al torbellino como una columna salomónica revolviéndose en su inercia? ¿Giró la tierra? Josué pidió a Dios que el sol se detuvierar para poder acabar con sus enemigos. Los relojes atómicos habrán de computar al menos un segundo ¿de más o de menos? a este día en que Morante de la Puebla trajo de fuera del tiempo la eternidad que un derrote nos había sustraído, como si citando, pero con el capote, a Shelley dijera: 

"Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en agua,
Pero antes que el soplo del viento lo borrase,
la Muerte, arrepentida por esa cruel matanza,
la Muerte, frío invierno inmortalizador,
fluyó contra corriente y el tiempo caudaloso,
que nunca deja huellas, se hizo orlas cristalinas,
engalanando el nombre de Adonais" 

(Trad. Juan Abeleira, Alejandro Valero) 

Así, del vacío del tiempo, del pasado, fue rescatada, resucitada en plenitud,  la armonía, eternamente presente:  Hoy somos inmortales. ¡Belleza que yo he visto, no te borres ya nunca!


Verlo todo, pero atención al ¿minuto? 2:22


RESUMEN DE LA SEXTA DE FERIA por burladero_es

2 comentarios:

L.C. dijo...

Leerte y ver después del vídeo es casi como haber estado allí. Me alegro que hayáis disfrutado.

Sé que las orejas son despojos, pero no entiendo que después de lo que ha sucedido no haya habido algún trofeo y la música apenas se haya asomado a las faenas de Morante.

José María JURADO dijo...

La primera era de música desde el minuto cero.

Y de oreja.

Después de los quites debería haber dado la vuelta al ruedo.

Antes del tercio de muerte.