lunes, 6 de julio de 2009

Barcelona (5 de julio de 2009) - Sin parangón

La crónica de la encerrona de José Tomás en Barcelona es, sin duda, la más compleja a la que me he enfrentado desde que, hace más de tres años, comenzamos esta curiosa aventura en la red.

Y es que no cabe una sola crónica para la tarde del cinco de julio. Una gesta como la que ha hecho JT requiere de una crónica política y una crónica social, de una crónica mítica y otra ritual. Exige de una crónica ganadera y otra de la lidia, una de la seguridad y otra de la técnica, una de la hondura y otra del temple, una de la variedad y otra de lo auténtico,… Son varias crónicas que no pueden ser una porque no en todas el diestro, el público y lo que hubo alrededor de ambos merecen igual valoración.

Por lo pronto, conseguir llenar la Monumental de Barcelona y congregar a público de todo el mundo (mucho de ellos catalanes) es un gran logro. Hacerlo para crear una Fundación con fines sociales (no taurinos, como se había comentado en algún medio) es una demostración más de la hondura y heterodoxia del torero. Conseguir mantener en la cima de forma continuada las vibraciones del público desde el paseíllo inicial hasta la apoteósica salida a hombro está sólo al alcance de unos pocos elegidos.

Como está al alcance de pocos (o de casi nadie) conseguir meter en la canasta y torear a un animal como el segundo de la tarde. Un toro alto al que se dejó muy crudo en el caballo y con el que se dobló hasta darle con la muleta el puyazo que le faltaba. Y al que, a pesar de su brusquedad, citó con la izquierda en dos series de terrible mérito aguantando lo indecible para demostrar al toro quién mandaba allí. Luego de lo cual empezó a torear con temple y hondura primero con la derecha y luego al natural de forma portentosa. Faena de un dominio y una sabiduría torera que sólo atesoran los escogidos.

O esa demostración de recogimiento y profundidad que supuso el comienzo de faena al tercero. Esos ayudados por alto en el medio de la plaza mirando al suelo, con un sentido de lo trascendente del toreo que encogía el alma. Como se nos encogió cuando lo arrolló al perderle la cara tratando de ligar un originalísimo tres en uno, en el que se incluía un pase cambiado por la espalda e invertido en el cite con la muleta montada que consiguió a la tercera en uno de los momentos de mayor comunión con el público

Y el quite por gaonera y una serie única de naturales con la derecha en el quinto,… Y los delantales al sexto…

Toreo hubo mucho. Y del bueno. Haciendo todo de verdad, con una entrega imposible de igualar. Probablemente vimos más toreo en una sola tarde en Barcelona que en toda la Feria de San Isidro + el Aniversario (excepción hecha de Morante y Esplá).

Sólo por eso, y por el aldabonazo que supuso para la Fiesta en Barcelona (la representación de los antis era tan ridícula que casi daban lástima) merece la pena cualquier viaje y cualquier madrugón. Y si además sirve para que los medios le den la importancia que los toros tienen en nuestra cultura y nuestras tradiciones, además del viaje y los madrugones estará bien invertido cualquier dinero que haya costado la entrada (y si se ha comprado al precio oficial, ni les cuento).

Dicho lo cual habrá quien tenga la sensación de que aquello no acabó de romper. A mi juicio no. Y siendo consciente de que soy parte de una auténtica minoría de entre los que estábamos en la plaza, trataré de explicarme.

José Tomás me encantó. Igual que me gusta cada pieza que veo de Velázquez. Porque reconozco en él la paleta del genio y la entrega total. Pero cuando veo cualquier cuadro de Velázquez distinto de Las Meninas o del Cristo, siento que aún se le puede pedir más, que la excelencia puede llegar a ser mayor. Algo parecido me sucedió con JT. Que siendo Miguel Ángel, en Barcelona, en su plaza, en su tarde, no pintó la Capilla Sixtina. Y no por eso lo que hizo no tiene importancia, que la tiene, y mucha. Pero esperábamos de él que nos retirara del peregrinaje por las plazas de España, que pudiéramos decir que ya lo habíamos visto todo, que no cabía torear nunca mejor, ni con más intensidad, ni más continuado, ni en todos los toros,… Y no fue así.

Obviamente, el problema no es del torero, es de quienes pedimos cosas imposibles. Pero como con él las hemos visto, queríamos experimentarlas sin tregua durante dos horas. Y fue sólo a ratos. Aunque ¡qué ratos! ¡qué cosas!

Al menos, nos quedamos con ganas de seguirle viendo. Desde el reconocimiento a una tarde única, sin parangón. De las que uno contará mucho tiempo. Aunque no le haya quitado del toreo. O tal vez porque, afortunadamente, no nos ha quitado de seguir viendo tanto y tan variado toreo en la época de la historia que mejores toreros se han concentrado en el escalafón.

Y entre ellos, José Tomás está prestando un servicio a la difusión de la Fiesta, a la reivindicación de su hondura y su verdad, que difícilmente podremos agradecerle sus contemporáneos.

2 comentarios:

José María JURADO dijo...

Muy interesante, en el fondo ese es el sueño: cortarnos la coleta tras la tarde arquetipo.

CARLOS CUETO dijo...

El arte no es un instante, aunque sea genialidad, ni se compra al peso, como un manjar. La tauromaquia simplemente aflora, discurre y muere para seguir dando un sentimiento trágico a la vida del artista, que vive por ella y para ella. Como un poeta por su verso o un compositor por su melodía, un torero como José Tomas vive por dar verdadero sentido a nuestra fiesta nacional, en cualquier lugar de España y allende los mares. Ole, ole y ole por el maestro de la muleta y los que lo retratan con su pluma sin mercadeo de por medio...